Hermanos a la vez créo la suerte al amor y a la muerte.
Otras cosas tan bellas en el mundo no habrá ni en las estrellas.
Ncen de quél los bienes, los placeres mayores que en el mar de la vida el hombre halla;
y todos los dolores, todo el mal borra ella.
Bellísima doncella de dulce ver, no como se la imagina la cobarde gente,
al tierno Amor le hace compañia frecuente, y el camino mortal juntos recorren y
a todo sabio corazón alivian.
No hay corazón más sabio que el herido de amor, ni que la vida infausto más desprecie,
ni que por otro dueño nace el aliento.
Me hallarás ciertamente a cualquier hora en que tus alas hacia mí despliegues,
levantada la frente, apercibido, resistiendo el destino;
la mano que al herirme se colora con mi sangre inocente no he de colmar de elogios ni bendecir, cual hace por antigua ruindad la humana gente, toda vana esperanza, en que se engañan como
niños los hombres, todo necio consuelo desecharé, y a nadie en el tiempo alguno,
Muerte he de aguardar sino a tí sola;
tan sólo el día esperaré sereno en que recline adormecido el rostro en tu virgíneo seno.
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